

“Si pudiera hablar inglés, tal vez se ampliarían mis oportunidades laborales.” Con ese sentimiento comenzó el interés de Erin por estudiar en el extranjero.
Como freelance, ella se dedicaba al diseño de interiores y al desarrollo de menús para restaurantes. A veces incluso atendía ella misma a los clientes en el local. En ese contexto, cada vez tenía más interacciones con clientes extranjeros. Sentía la frustración de pensar que, si pudiera comunicarse mejor, podría ofrecer una atención aún mejor.
Hubo además otro motivo que la impulsó: la admiración. Solía viajar al extranjero con una buena amiga, pero siempre dependía de ella. Al ver cómo su amiga se comunicaba con fluidez en inglés con la gente local, Erin sintió: “Algún día yo también quiero poder hablar así, con esa seguridad.”
“Para ser sincera, al principio solo pensaba que me bastaría con manejar una conversación cotidiana sencilla. Pero al llegar a Cebú y empezar las clases, poco a poco fui sintiendo el deseo natural de aprender inglés más a fondo y de poder hablar con mayor soltura.”
Lo que al principio era solo una “habilidad práctica” se fue transformando, sin que ella misma lo notara, en una “herramienta para expandirse a sí misma”. Así comenzó el cambio que viviría Erin.
Erin cursó un programa ESL compuesto por cuatro clases individuales (1:1) y tres clases grupales. Empezó las clases con la duda de si, siendo principiante, realmente podría aprender bien, pero esa inquietud desapareció por completo durante la primera semana.
“Los profesores filipinos son realmente buenos escuchando. Saben captar lo que quieres decir, y eso genera un ambiente en clase donde te dan ganas de seguir hablando.”
En las clases nunca se impone un inglés demasiado difícil. Los profesores avanzan con paciencia, usando ejemplos y situaciones fáciles de entender incluso para principiantes, por lo que el rechazo hacia el inglés fue disminuyendo de forma natural.
Lo que más le llamó la atención fue la cercanía con los profesores, tan distinta a la de Japón. Cuando había tomado clases individuales de inglés en Japón, Erin sentía cierta distancia. En cambio, los profesores de Cebú creaban un ambiente relajado, casi como el de amigos, que invitaba a hablar sin tensión.
Erin pensaba que la gramática y el vocabulario podía estudiarlos igual en Japón, pero al llegar y estudiar en el extranjero descubrió muchas expresiones “suaves” y giros naturales que no aparecían en los libros de texto japoneses.
“Por ejemplo, cuando aprendí una forma más suave de pedir algo sin usar ‘Can you...?’, me sorprendí pensando: ‘¡Así que también se puede decir de esta manera!’”
Además, entre las tareas que se asignaban cada día, la que más le sirvió fue “escribir composiciones usando modismos”. Comprobar que, incluso con vocabulario y gramática de nivel de secundaria, se puede comunicar bien si uno se esfuerza, hizo que su confianza en el inglés fuera creciendo poco a poco.
Los días que Erin pasó en Cebú no solo le sirvieron para mejorar su inglés, sino que también fueron una oportunidad para replantearse sus propios valores.
Durante su estadía prolongada, lo que más notó fue la claridad con la que los filipinos expresan lo que sienten. Lo que les gusta, les gusta; lo que no, no. Esa actitud de comunicar la propia opinión sin reservas era muy diferente de lo que vivía en Japón.
“En Japón es habitual medir la reacción del otro antes de hablar, o adaptarse a lo que piensa el grupo. Pero en Cebú, lo primero es valorar lo que uno mismo siente.”
Al estar en contacto con esa cultura, la propia forma de pensar de Erin también cambió. Comprendió que lo importante no es forzarse a “caer bien”, sino construir relaciones donde se pueda ser sincero. Fueron las palabras de sus profesores las que le hicieron darse cuenta de esto.
“Me dijeron: ‘Si eres tú misma, sin fingir, la gente que de verdad te aprecie se acercará a ti.’ En ese momento sentí un gran alivio.”
Otra sorpresa fue la comunicación horizontal, sin importar la edad ni el cargo de cada persona. Esas “jerarquías” a las que en Japón se suele prestar tanta atención, en Cebú simplemente no importaban.
Al no existir un lenguaje formal según la edad, se podía hablar con total naturalidad, y por eso, aunque hubiera diferencia de edad, era fácil hacerse amigos enseguida. En ese ambiente tan agradable, Erin se encontró, sin darse cuenta, con amigos con quienes podía hablar de la vida misma.
“Con los amigos que hice aquí, incluso prometimos viajar juntos cuando volviera a Japón. Creo que será una relación que durará toda la vida.”
El intercambio con los compañeros que conoció durante su estadía fue una gran fuente de inspiración para Erin. Aquello fue mucho más allá de simplemente “hacer amigos”: se convirtió en una oportunidad para replantearse su propia forma de vivir.
En 3D ACADEMY se reúnen estudiantes con orígenes realmente muy variados. Personas que hacían una parada en su vuelta al mundo, otras que se preparaban para ser enfermeras, otras que se lanzaban a una working holiday... Cada vez que escuchaba sus historias, las ideas preestablecidas que Erin tenía sobre “cómo se debe trabajar” se iban derrumbando.
“En Japón todavía predomina la idea de ‘entrar a una buena universidad, conseguir un buen empleo en una buena empresa y trabajar allí hasta la jubilación’. Pero en 3D, todos vivían de una forma que escapaba a ese molde, y eso me impactó mucho.”
Existen tantas formas de vivir que no se pueden medir solo con los propios valores. Y en el momento en que comprendió que “todas ellas son válidas”, sintió que sus opciones de trabajo y de vida se ampliaban de golpe.
“En Japón existe la sensación de que ‘ser empleado de una empresa es lo correcto’, pero las personas que conocí en Cebú vivían todas centradas en lo que realmente querían hacer. Eran libres, pero a la vez responsables consigo mismas, y me pareció algo realmente admirable.”
Erin, que actualmente también trabaja como freelance, llegó a sentir con más fuerza que nunca que puede elegir por sí misma su propia forma de trabajar.
Descubrir nuevos valores e imaginar un nuevo futuro. Tal vez lo más valioso que obtuvo Erin no fue solo el nivel de inglés alcanzado durante su estadía, sino los encuentros que ampliaron sus opciones de vida.
Muchas personas que consideran estudiar en el extranjero comparten la misma preocupación: “¿De verdad podré arreglármelas sin saber hablar inglés?” Erin no fue la excepción.
“Al principio pensaba: ‘seguramente todos a mi alrededor hablan con fluidez...’. Pero al llegar, descubrí que no era para nada así (risas).”
De hecho, muchos estudiantes empiezan desde un nivel en el que “no se les da bien el inglés”. Justamente por ese ambiente, Erin se dio cuenta enseguida de que no había ninguna razón para avergonzarse de lo que aún no sabía hacer.
Lo que más agradeció fue contar con profesores y compañeros que siempre estaban dispuestos a ayudar en cuanto surgía alguna dificultad.
“Cuando preguntaba algo, me lo explicaban con paciencia y sin ningún gesto de fastidio. Y si no entendía alguna palabra durante la clase, luego la buscaba junto con mis amigos... Había un ambiente de crecer todos juntos, y eso me dio muchísima tranquilidad.”
Aunque el vocabulario sea limitado o la gramática no sea perfecta, basta con tener las ganas de comunicarse para que el mensaje llegue. Al acumular una y otra vez esa clase de pequeños logros, la preocupación de Erin respecto al inglés se fue transformando en “un poco de confianza”.
“Renunciar a estudiar en el extranjero solo porque no se sabe inglés sería una verdadera lástima. Creo que este es, más bien, el lugar ideal precisamente para quienes sienten que no pueden.”
No hace falta tener nivel de inglés ni de comunicación; con cero de ambos también está bien. Las palabras de Erin tienen la fuerza de quien lo comprobó al lanzarse de verdad a la experiencia.
Cuando se piensa en la vida de un estudiante en una escuela de idiomas, es fácil imaginar que “será solo estudiar y estudiar” o sentir cierta inquietud por “cómo será el día a día”. Sin embargo, según cuenta Erin, su rutina diaria en 3D ACADEMY tuvo un equilibrio perfecto entre estudio y descanso.
“Para ser sincera, no esperaba mucho de la comida en Filipinas, pero la comida de 3D me sorprendió gratamente, era mucho más rica de lo que imaginaba.”
Lo que más le gustó fue el sazón de la comida japonesa, adaptado al paladar japonés, y la cantidad de verduras que se servían en cada comida. Erin había oído que en Cebú faltaban verduras, pero en 3D esa preocupación desapareció por completo.
Además, todos los miércoles es “el día del curry”. Con una variedad de estilos de todo el mundo, nunca se aburría, y se convirtió en uno de sus momentos favoritos de la semana.
“Hasta las frituras seguían crujientes incluso ya frías; se notaba el cuidado hasta en los mínimos detalles.”
Para relajarse después de clase, iba a la piscina del hotel frente al mar con el que la escuela tiene un convenio. Le sorprendió tanto poder usar esas instalaciones de lujo de forma gratuita que hasta llegó a preguntarse: “¿De verdad esto es gratis?”
Además, dentro de la escuela hay mesas de ping-pong y una cancha de baloncesto, perfectas para hacer algo de ejercicio y convivir con los amigos.
“Me recordó a mis tiempos en el club universitario; sentí como si estuviera viviendo otra vez esa etapa juvenil (risas).”
Además, varias veces por semana se organizan actividades como yoga, zumba o baile hip hop, que también se convirtieron en las favoritas de Erin. La participación es opcional, pero como todo se desarrolla en inglés, también sirve para mejorar el idioma mientras se disfruta.
“Al terminar las clases, iba con amigos a un gran centro comercial, o de compras a un mercado local. También me gustaba mucho poder vivir de cerca la cultura filipina de esa manera.”
3D ACADEMY está ubicado en una zona muy conveniente dentro de la ciudad de Cebú, cerca de tiendas y restaurantes. Es un entorno realmente ideal para quienes quieren disfrutar tanto del turismo como del estudio en el extranjero.
Al mirar atrás, ya terminada su estadía, ¿cuál fue el mayor cambio para Erin? Ella dice que fue “dejar de tenerle miedo al inglés”.
“Al principio hasta me daba nervios dirigirme a los profesores, pero ahora ya puedo pensar: ‘bueno, intentemos hablar’. Entendí que lo importante es la actitud de intentar comunicarse, aunque no sea perfecto.”
Haber logrado hablar inglés sin miedo a equivocarse, y poder expresar su propia opinión con confianza: todo eso es fruto del tiempo intenso que Erin vivió en Cebú.
Sin embargo, el progreso en el inglés no tiene un final. Erin cuenta que incluso ahora a veces siente la frustración de no poder expresar bien lo que quiere decir.
“Por eso, ahora sigo estudiando aprovechando las clases de inglés en línea de 3D. No quiero que el nivel que tanto me costó alcanzar se quede estancado aquí.”
El sueño de Erin es, después de consolidar aún más su trabajo actual, animarse también a hacer una working holiday. Y a futuro, nos contó que le gustaría viajar por muchos países y hacer amigos en todo el mundo.
“Si puedo hablar inglés, puedo conectar con alguien en cualquier país. Eso es realmente maravilloso, ¿no?”
El inglés no es una “meta”, sino un “pasaporte para expandir el mundo”. La mirada de Erin ya está puesta en la siguiente etapa.
Su primer viaje al extranjero, su primera experiencia estudiando afuera. Erin cuenta que, antes de partir, la inquietud pesaba más que la ilusión.
“Me preocupa no saber hablar inglés...”, “¿de verdad podré ir sola al extranjero?”... Esos sentimientos no tienen nada de especial. Al contrario, son la preocupación natural que cualquiera sentiría.
Pero en cuanto se animó a dar el primer paso, la esperaba un mundo mucho más cálido y estimulante de lo que había imaginado.
“Precisamente las personas que no saben inglés son las que más deberían venir a 3D. El apoyo es muy completo, los profesores son muy amables y los amigos alrededor también te ayudan. De verdad creo que es un lugar donde se puede intentarlo con total tranquilidad.”
La razón por la que Erin sintió que había acertado al elegir 3D ACADEMY está en el equilibrio entre la excelente relación calidad-precio y el entorno.
Clases de alta calidad Comida deliciosa Instalaciones del dormitorio bien equipadas Centro comercial cerca y de fácil acceso Actividades abundantes y divertidas
...con todo eso reunido, sintió que el precio era, sinceramente, increíble.
“Aquí se puede tanto ‘aprender’ como ‘disfrutar’. Lo recomiendo de verdad, tanto a quienes recién empiezan con el inglés como a quienes nunca antes estudiaron en el extranjero.”
Para terminar, Erin nos dejó este mensaje dirigido a quienes están considerando estudiar en el extranjero.
“Si tienes dudas, anímate a ir aunque sea una vez. Seguro pensarás: ‘qué bueno que vine’. No se trata solo de aprender inglés: también es una oportunidad para reencontrarte contigo mismo, descubrir un mundo que no conocías, y tal vez, un poco, cambiar tu vida.”
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