

Hola, somos el equipo de 3D ACADEMY. En esta ocasión les presentamos la historia de estudios en el extranjero de Ayami, quien ha acumulado experiencia internacional en tres países —Malta, Australia y Filipinas— y que sigue esforzándose hoy en día por alcanzar su sueño.
El origen de su aventura en el extranjero fue un curso de idiomas de corta duración en la República de Malta, al que asistió hace dos años. A partir de ahí, mientras exploraba sus posibilidades de futuro, se animó a hacer una working holiday en Australia. Sin embargo, allí el trabajo terminó ocupando el centro de su vida diaria, y se dio cuenta de que "para mejorar de verdad el inglés, hace falta estudiar".
Así fue como llegó a 3D ACADEMY, en la isla de Cebú, para un programa de estudios con clases individuales.
"Quiero comprometerme de verdad y aprender un inglés que realmente pueda hablar. Quiero trabajar en el extranjero con confianza".
Con ese deseo en el corazón, Ayami inició su nuevo desafío en Cebú.
En este testimonio profundizaremos con detalle en la vida real que vivió en los tres países, y en los descubrimientos, aprendizajes y cambios que obtuvo de esa experiencia. Si tienes el sueño de "llegar a hablar inglés" o de "trabajar en el extranjero", esta es una historia que te dará ideas y valor.
Hace dos años, cuando Ayami tuvo su pasaporte por primera vez, el lugar que visitó fue la República de Malta, un pequeño país insular europeo.
En aquel momento no tenía confianza ni en su inglés ni en la idea de vivir en el extranjero; según cuenta, lo único que la impulsaba era el sentimiento de "quiero ir, aunque sea una sola vez".
"Tenía siempre en la cabeza la pregunta de qué significaba realmente 'vivir usando el inglés'. Pero mientras me quedara en Japón, nada iba a empezar, así que quería simplemente lanzarme".
Cuenta que, en su vida en Malta, recibió más estímulos del trato con la gente local y de las conversaciones con sus compañeros de clase que de las propias clases en la escuela de idiomas.
Lo que más recuerda es el nivel de inglés de los estudiantes europeos y su actitud "proactiva".
"Si tenían una pregunta, levantaban la mano sin dudar, y decirle su opinión al profesor era algo totalmente normal para ellos. Yo, en cambio, por querer hablar un inglés correcto, apenas conseguía tomar la palabra... Sentí que ese carácter reservado tan japonés estaba muy arraigado en mí".
Aunque su estadía fue corta, para ella el programa en Malta se convirtió en una experiencia fundacional que le hizo darse cuenta de que "para vivir en el extranjero hace falta tanto capacidad lingüística como capacidad de expresarse a una misma".
Al terminar su corta estadía de estudios en Malta, en Ayami fue naciendo el deseo de "quedarme más tiempo en el extranjero y poner a prueba mis propias posibilidades".
Quería mejorar su inglés. Quería probar a trabajar en medio de una cultura diferente. Y quería darle un poco más de forma a ese sueño todavía difuso de "hacer algo" en el futuro.
Con esos sentimientos, lo siguiente que eligió fue una working holiday en Sídney, Australia.
"Antes de ir, la verdad es que ni siquiera tenía claro qué quería hacer exactamente. Lo único fuerte era el deseo de 'acercar mi vida al extranjero'. Australia me atraía porque era fácil conseguir la visa, hacía calor y podía vivir trabajando al mismo tiempo".
Cuando empezó a pensar en la working holiday, sus opciones eran Canadá y Australia. Ambos países tenían su encanto, pero al final eligió Australia por el "clima" y el "ambiente de la gente", según cuenta.
"Canadá es muy popular, pero no se me da bien el frío... (risas). Además, en Australia es fácil obtener la segunda visa, y había oído que llegaba mucha gente de Europa, así que también me atrajo el ambiente internacional".
En Sídney, primero asistió dos meses a una escuela de idiomas, y después comenzó una vida en la que trabajaba como camarera en un restaurante japonés local.
El trabajo de camarera fue más ajetreado de lo que esperaba, y cada día era una sucesión de tensión al atender clientes en un entorno todavía desconocido para ella.
"Entender en inglés lo que me decían y actuar correctamente ya era todo lo que podía hacer; al principio mi cabeza trabajaba a toda velocidad, de verdad".
Sin embargo, aunque poco a poco fue adquiriendo "la capacidad de vivir en el extranjero" a través del trabajo, dice que apenas sentía que "había llegado a hablar inglés".
"En las conversaciones con los clientes casi solo usaba frases fijas, y entre el personal muchas veces hablábamos en nuestro propio idioma. Parecía que estaba usando inglés, pero siento que en realidad no lo usaba tanto".
Además, que hubiera menos clientes australianos de los que imaginaba fue, en cuanto al aprendizaje del inglés, algo un poco decepcionante.
"Había muchos clientes chinos, luego coreanos y japoneses. Los australianos casi no venían".
La escuela de idiomas terminó a los dos meses, y después su vida giró por completo en torno al trabajo. Aunque su working holiday en Australia fue satisfactoria, el deseo de "aprender inglés más a fondo" se hacía más fuerte día a día.
"Trabajando se fue acumulando la frustración de 'tener más cosas que decir y no poder decirlas' o de 'no poder explicarme bien'... Al final pensé que el inglés 'no se adquiere de verdad si no lo estudias en serio'".
En particular, la creciente sensación de crisis respecto a su capacidad de hablar fue lo que la llevó a buscar su siguiente destino de estudios: 3D ACADEMY, en Filipinas.
Precisamente por haber experimentado en carne propia la dificultad de trabajar usando inglés, Ayami quería que su siguiente experiencia de estudios se centrara en "llegar a hablarlo".
"En Australia sentí muchísimo la 'necesidad' del inglés, pero no llegué a sentir un verdadero 'crecimiento'. Por eso, la próxima vez quería tener una sensación clara de que estaba mejorando".
Cuando consultó a la agencia y expresó su deseo de "una escuela con muchas clases individuales, costos reducidos y un ambiente internacional", lo primero que le recomendaron fue 3D ACADEMY.
"En realidad, una amiga mía ya había estado antes en 3D. Como me había contado que lo había pasado genial, pensé: 'ah, tal vez sea aquí'".
A partir de su experiencia en la working holiday, en Ayami se reforzó el deseo de "estudiar inglés más en serio". Entre varias escuelas de idiomas, la que eligió fue 3D ACADEMY, en la isla de Cebú, Filipinas.
"Los costos son más bajos, las clases son sobre todo individuales, y se puede aprender de forma concentrada incluso en poco tiempo. Además, como me la recomendó una amiga, pude decidirme con tranquilidad".
En el momento en que bajó del avión, el cielo intensamente azul y el paisaje urbano con un aire de algún modo entrañable hicieron que Ayami sintiera un pequeño alivio, según cuenta.
Para Ayami, que hasta entonces tenía experiencia de estudios y estadías en Europa y Oceanía, Filipinas era un país completamente nuevo.
"Al principio también tenía la inquietud de si podría vivir bien aquí. Pero al llegar, la gente del pueblo resultó ser muy cercana, y de algún modo me adapté enseguida".
Al entrar en contacto con esa "tranquilidad" tan propia de Filipinas y con la sencillez de los niños que la saludaban sonriendo desde la calle, sintió que "en un ambiente así, tal vez pueda mostrarme más tal como soy".
Todas las clases de 3D son "uno a uno": más concentración y tranquilidad que vergüenza
La característica más grande de 3D ACADEMY es, sin duda, la gran cantidad de clases individuales. Ayami cuenta que este formato la atrajo mucho.
"En un grupo tienes que esperar tu turno para hablar, y te preocupa pensar 'y si me equivoco'... pero en las clases individuales el tiempo es solo para ti, así que me resultaba más fácil concentrarme".
En las clases se ponía énfasis en la expresión oral, y al mismo tiempo estudiaba de forma integral vocabulario, expresiones idiomáticas, gramática y conversación cotidiana. Al pasar más de siete horas diarias frente a frente con sus profesores, los cambios fueron apareciendo poco a poco.
Lo que a Ayami le pareció interesante fueron las "desviaciones naturales" que surgían durante la clase.
"En la clase del lunes, cuando hablábamos de '¿qué hiciste el fin de semana?', la conversación se animaba cada vez más, y a veces me daba cuenta de que la clase entera había terminado siendo una charla libre (risas)".
Pero esa "charla" era, en realidad, la mejor oportunidad para entrenar el inglés. Un intercambio real de inglés que no aparece en los libros de texto. Escuchar en el momento palabras desconocidas o expresiones que nunca había usado, e imitarlas de inmediato.
"Pensé: ¡aprender mientras hablo se me queda grabado muchísimo más!".
Pasadas unas semanas desde el inicio de su vida de estudios en 3D, incluso en Ayami, que al principio estaba tensa, empezaron a aparecer poco a poco "señales de cambio".
"Hablando con el profesor hubo un momento en que pensé: '¡espera, acabo de decirlo sin trabarme!'. Antes, aunque tuviera algo que decir, tardaba tiempo en buscar las palabras, pero últimamente me salen de forma natural".
Además, el resultado de su examen de nivel subió 70 puntos. Eso, más allá de ser solo un número, se convirtió en la certeza clara de que "lo que he estado haciendo se va acumulando dentro de mí".
Para Ayami, las clases en 3D no eran una "obligación", sino un tiempo que se conectaba con una "sensación diaria de plenitud", según cuenta.
"Los profesores eran realmente alegres, y me alegraba poder estudiar riendo junto a ellos. Pienso que un ambiente en el que se puede aprender de forma tan positiva es difícil de encontrar en Japón".
Después de terminar las clases de la mañana, iba al gimnasio o veía películas, y así fue adquiriendo de forma natural el hábito de seguir aprendiendo por su cuenta. Nació en ella la sensación de que toda su vida estaba conectada con el inglés.
Pasado un tiempo desde que comenzó su vida de estudios en la isla de Cebú, el "inglés" se había incorporado con toda naturalidad al estilo de vida de Ayami. Además de las clases, ver películas, entrenar en el gimnasio, conversar con los profesores, ir de compras, viajar: todo eso era un "espacio de práctica" para mejorar su nivel de idioma.
"Sin darme cuenta, mi propia vida se había convertido en un 'entrenamiento de contacto con el inglés'. Todos los días, en algún momento, tenía un 'momento de usar inglés', y así iba mejorando de forma natural".
Para mejorar aún más su capacidad de escucha y su vocabulario en inglés, lo que Ayami incorporó activamente fue ver películas. Es un hábito que empezó también por recomendación de sus profesores, y dice que enseguida sintió sus efectos.
"Iba al cine cerca de la escuela unas tres veces por semana. Era barato, había poca gente y estaba bien poder verlas con subtítulos en inglés".
El inglés vivo que se usa en las películas es un tesoro de "expresiones reales" que no se encuentran en los libros de texto. De hecho, cuenta que llegó a tener la experiencia de que, durante una clase, "¡apareció de nuevo una frase que había escuchado en la película del día anterior!".
"En el momento en que pienso '¡ah, esta expresión la escuché ayer!', el inglés empieza a conectarse. Me gusta que se pueda aprender no con la cabeza, sino con el instinto".
Ayami también iba tres veces por semana al gimnasio del centro comercial JY Mall, cerca de la escuela. Mover el cuerpo servía, por supuesto, para liberar estrés y mantener la salud, pero además se convirtió en una nueva situación para usar el inglés, según cuenta.
"Una pequeña charla con la persona de recepción del gimnasio, o cuando me explicaban cómo usar las máquinas, todo era en inglés. Podía recordar las expresiones que había aprendido y usarlas de verdad, así que era un repaso buenísimo".
La clave del éxito de un programa de estudios de idiomas está en "cómo pasas el tiempo fuera de las clases".
Ayami procuraba conscientemente "usar ese mismo día" las expresiones que aprendía en clase. Las charlas extra con los profesores, las conversaciones en inglés con sus compañeras de cuarto, los intercambios con el personal: todo eso era un espacio de práctica.
"Cuando decido que hoy voy a usar esta palabra y de verdad la uso, me alegro muchísimo. La retención es completamente distinta".
Cuando había pasado alrededor de un mes y medio desde que llegó a Cebú, Ayami notó que estaba ocurriendo "cierto cambio" en su interior.
"Al tomar notas, empecé a escribir cada vez más en inglés en lugar de en japonés. Pensé que tal vez esto era lo que significaba 'pensar en inglés'".
Antes, cuando escuchaba una palabra que decía el profesor, a veces no podía anotarla de inmediato o su significado le resultaba ambiguo; ahora, en cambio, dice que puede escribirla con fluidez.
Por último, el mayor descubrimiento que Ayami obtuvo en 3D fue que "aprender inglés no consiste solo en sufrimiento y esfuerzo".
"En 3D de verdad se puede lograr eso de 'aprender divirtiéndose'. Mientras hablaba riendo con un profesor con quien conectaba bien, sentí muchas veces: 'espera, ahora hablo mejor que hace un momento'".
Entre semana, días dedicados por completo a clases individuales, concentrada en el estudio del inglés. En medio de eso, los fines de semana eran para Ayami un tiempo importante para desconectar.
En Cebú hay repartidos grandes centros comerciales como el SM Mall o el Ayala Mall, y Ayami también salía a menudo de compras con sus amigas.
Además, cuenta que aprovechaba los fines de semana para viajar a Oslob y a Boracay.
"En Oslob pude nadar con tiburones ballena, una experiencia poco común, y fue conmovedor. Pensé, con toda sinceridad, ¡qué increíble es la naturaleza!".
Lo que más recuerda es el cumpleaños que pasó en la isla de Boracay. Una playa de arena blanquísima, un mar transparente y una puesta de sol que dejaba sin aliento: aquello era literalmente "un paraíso salido de un cuadro".
"Era tan hermoso que me hacía pensar que un lugar así podía existir de verdad. Además, la gente del lugar me felicitó por mi cumpleaños... casi lloro de la calidez que sentí".
Por otro lado, durante su tiempo en Filipinas también hubo un hecho que la impactó. Fue la presencia de numerosos niños de la calle que vio en pleno centro de Boracay.
"Al principio me sorprendió pensar '¿por qué hay tantos...?'. Pero cuando crucé la mirada con esos niños y me sonrieron, pensé: 'ah, quizás sea yo, al sentir lástima por ellos, quien está siendo un poco arrogante'".
"Estoy pensando que, la próxima vez que venga a Cebú, tal vez vuelva como voluntaria".
Los días en 3D no se quedaron solo en la adquisición de un idioma, sino que también influyeron en la propia "forma de vivir" y los "valores" de Ayami.
"Sentí de verdad que el inglés es un 'medio'. Al llegar a hablarlo, siento que por fin pude empezar a pensar en lo que viene después: 'qué es lo que quiero hacer yo'".
Entre todo lo que vivió durante su estadía de estudios en 3D ACADEMY, una de las cosas que más impresión le dejó a Ayami fue la relación con los profesores filipinos.
"Su pronunciación es clara y no hablan demasiado rápido. Por eso, hasta un principiante puede entenderlos con tranquilidad, y eso también genera la confianza de pensar 'ah, quizás sí estoy entendiendo'".
"No se limitaban a enseñar: 'reían junto conmigo', 'intercalaban un poco de charla para que me relajara'... esos pequeños detalles me alegraban muchísimo".
"Incluso en los días en que estoy un poco cansada o desanimada, se dan cuenta enseguida y me preguntan: '¿hacemos algo más ligero hoy?'".
"Tener ganas de hablar con el profesor" equivale a "tener ganas de usar el inglés"
"Solo con pensar '¡hoy me toca clase con el profesor tal!' ya me animo un poco. Aprender inglés fue dejando de ser una 'obligación' para convertirse en un 'placer'".
"El inglés de los profesores es muy fácil de entender, pero también tengo un poco de inquietud de que, cuando vuelva a Australia, quizás vuelva a costarme entender el inglés de hablantes nativos".
"Precisamente por eso, pienso que el orden de 'afianzar las bases en Filipinas y desarrollar la práctica en Australia' es el que mejor me viene a mí".
"Quizás lo que más gané fue poder sentir que, aunque la nacionalidad y la cultura sean distintas, se puede conversar con solo el deseo de 'querer transmitir algo'".
Cuando sus días en 3D ACADEMY se acercaban a su etapa final, en Ayami había germinado un "sueño" claro. Era la visión de "querer abrir mi propia cafetería en Australia".
"Al principio solo tenía el sentimiento difuso de 'querer intentar algo en el extranjero', pero ahora he llegado a pensar que quiero crear mi propio espacio, un lugar donde poder conectar con la gente".
"Me gustaría que existiera un lugar donde personas como yo en aquella época, que 'todavía no tienen confianza pero quieren esforzarse', puedan pasar a descansar un poco y hablar con alguien".
"Quiero transmitir a más personas la sensación real de que, al hablar inglés, el mundo se amplía tanto. Me alegraría que mi propia cafetería pudiera convertirse en esa 'puerta de entrada'".
"Tanto el inglés como los conocimientos de negocio son cosas que todavía están por venir. Pero ahora ya no pienso 'de todos modos es imposible', sino que he llegado a poder pensar 'cómo puedo lograrlo'".
"Quiero llegar a hablar inglés, pero tengo miedo". "Me interesa el extranjero, pero no consigo pasar a la acción". "Quiero estudiar fuera, pero no sé si seré capaz"...
A quienes llevan dentro esos sentimientos, Ayami les habla así.
"Es completamente normal tener miedo. Yo también pensé siempre: '¿de verdad podré yo arreglármelas en el extranjero?'. Pero cuando me animé a actuar, el mundo resultó ser más amable de lo que pensaba, y de verdad había oportunidades".
"Hubo días en que no pude decir lo que quería decir, y días en que dejé de hacer la tarea. Pero, aun así, lo importante es sentir poco a poco a una misma que 'hace las cosas mejor que antes'".
"En el proceso de aprender inglés, empecé a pensar en qué me gusta y cómo quiero vivir. Al entrar en contacto con el aire del extranjero, siento que mi mundo se amplió de golpe".
"No dejes que no saber inglés sea una razón para no ir. Si vas, llegarás a poder hacerlo. Lo importante es 'ir' tal como eres ahora. Todo empieza a partir de ahí".
A través de su experiencia en el extranjero en tres países, Ayami no solo repensó su inglés, sino también su propia "forma de ser".
La "inmensidad del mundo" que descubrió por primera vez en Malta, la "barrera del inglés y la realidad" que sintió en Australia, el "placer de aprender y el nacimiento de la confianza" que encontró en la isla de Cebú...
Todo eso se ha unido en una sola línea dentro de ella, y hoy impulsa su sueño de "abrir una cafetería en Australia".
"Todavía estoy en el camino. Pero de verdad he podido cambiar. Y gracias a esa certeza, quiero seguir enfrentando nuevos desafíos".
Su experiencia de estudios en 3D ACADEMY no fue, para ella, una "meta", sino un "comienzo".
Ayami, muchísimas gracias por compartir con nosotros esta experiencia tan maravillosa. Todo el equipo apoya de corazón tu futuro.
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